El Reencuentro de Eileen Ramsay

sábado, 10 de julio de 2010

Título: El Reencuentro
Autora: Eileen Ramsay
Género: Romántica adulta contemporánea
Editorial: Titania

Resumen:
ELLA QUERÍA OLVIDARLO TODO... Con un buen trabajo en Edimburgo, amigos, pretendientes y una vida social animada Sophie se cree a salvo de los recuerdos. No le cuesta mucho olvidar la vida de lujo y aventura que llevó junto a Raffaele, acompañándole por toda Europa a sus famosos conciertos. Lo que la atormenta de verdad es el recuerdo de sus ojos verdes, la ternura de sus manos. Pero no puede perdonarle su falta de fe, su sospecha cuando la madre de él, la altiva condesa de Nardis, la acusó de un crimen vergonzoso y terrible. Quizás ha llegado el momento de poner las cosas en claro, de saldar cuentas con todos los que mintieron cinco años atrás, como su hermana Ann, con los que no quisieron ver, como sus padres, con los que no tuvieron fe en su amor, como Raffaele... o quizá con ella misma.

...PERO ÉL NO IBA A PONÉRSELO FÁCIL. Raffaele fue siempre un ángel, un ser tocado por la gracia divina. Hermoso e inteligente, su talento como pianista le ha supuesto fortuna y fama internacional. Para su madre, la condesa, fue siempre un regalo, la respuesta a los años de sufrimiento que padeció durante la guerra, siendo niña. Pero para Sophie era sobre todo un hombre, el hombre al que entregó su corazón. Cinco años después de su separación, Raffaele sigue triunfando en todo el mundo, y se rodea de mujeres deslumbrantes y refinadas. Pero para sorpresa de todos, desde hace un tiempo incluye en sus conciertos una sinfonía fuera de repertorio, un código secreto que sólo comparte con una mujer. Sabe que, si en algún lugar ella la está escuchando, sabrá que él está pensando en ella.


Un fragmento del libro:
Cada verano desde hacía ya muchos años, cuando su padre había sido destinado a trabajar como contable del gobierno en la base naval de La Spezia, su familia alquilaba una casa en la parte alta de las colinas que rodeaban la ciudad, y hoy había ido en bicicleta hasta la playa en Lerici; estaba acalorada, llena de polvo y transpirada, y lo único con que soñaba era una limonada helada en un vaso grande y empañado. Pero en vez de encontrar una mesa en la sombra se quedó paralizada, pues allí, sentado sobre el muro, había una aparición. Era alto, delgado y llevaba pantalones de deporte de un blanco prístino, y camisa azul. Estaba bastante quieto, observando la flotilla de barcos que descansaban tranquilos en las aguas protectoras de la bahía. Primero percibió su cara, pues era hermosa, y después sus manos, y mientras las miraba la atravesó un escalofrío que no entendió. Parecía, pensó, una de aquellas estatuas que rodeaban la plaza de Florencia, excepto que llevaba más ropa puesta, y su cabello era más largo, ya que le pasaba el cuello de la camisa. Un ángel, eso era; en todos los cuadros los ángeles tienen el pelo largo.
Se rió cuando se dio cuenta de que la figura la observaba, lo cual demostró que no era ni una estatua ni un ángel, sino un hombre, y ella era lo suficientemente mujer como para no ofenderse o acobardarse, avergonzada como una niña.
—Lo sé —dijo ella, interpretando que se reía de su aspecto sucio y acalorado—. Es por vanidad. ¿Puedes creer que he llegado en bicicleta, por el camino, hasta aquí? —Hizo un gesto señalando las colinas con sus brazos, que estaban pálidos y todavía rellenitos por la gordura de la infancia.
—¿Vanidad, signorina? —preguntó, mientras miraba con sus ojos negros esa cara sucia con una leve sonrisa limpia de maldad.
—He tenido un año espantoso de pesada comida escocesa y estudios. Los exámenes te hacen engordar. —Obedeció el breve gesto de su mano y se sentó en el muro junto a él, aunque en su cabeza la voz de su padre comenzaba a reprenderla. No iba a ser la primera vez que ignorara esa voz preocupada—. He decidido adelgazar este verano en Toscana yendo en bicicleta a todas partes.
—Felicito tu dedicación —dijo él e hizo un gesto hacia un camarero que rondaba—. ¿Una limonada, signorina, o algún helado maravilloso?
Ella estaba furiosa; él pensaba que era una niña pequeña.
—No soy una niña, signore, y puedo comprar mi propia limonada, o incluso cerveza si quisiera —terminó bravucona.
Él inclinó la cabeza, el cabello le cayó sobre la cara y despertó un fugaz recuerdo.
—Mi dispiace signorina. Esperaba que me acompañara con un helado, pero permítame invitarla a un refresco.
Por un momento se quedó sin respuesta mientras su cerebro intentaba encontrar el recuerdo que vagaba lejos de su alcance. No había manera.
—Realmente no suelo hacer esto —dijo unos minutos después mientras se sentaba con su limonada fría y, horrorizada, vio cómo sus polvorientos pantalones cortos habían manchado con polvo rojo los inmaculados pantalones de él. Rogó para que no lo advirtiera—. No es correcto, sabes, aceptar la hospitalidad de un extraño. Mis padres siempre nos están advirtiendo a mi hermana Ann y a mí.
—Pero ahora ya no seremos extraños. —Le dio la mano—. Soy Raffaele. ¿Tú?
—Sophie.
—Sophie. ¿Cómo estás?
Le levantó su mano y la acercó, polvorienta como estaba, a sus labios. Sus hermosos ojos, que no eran negros como los de los italianos, sino del azul profundo de las aguas lejanas de la bahía, le sonrieron por encima de su mano y, aunque no lo supo de inmediato, se había enamorado por primera vez.
Era fácil hablar con él y se sentía completamente cómoda. Pasó el tiempo pero, por fin, escuchando su voz con un pequeño acento y mirando los gestos de sus hermosas manos, comprendió que lo correcto era rechazar un segundo refresco. Y se levantó disponiéndose a marcharse.
Sus padres se pusieron tremendamente furiosos cuando más tarde les confesó que un extraño había puesto su polvorienta bicicleta en el asiento de atrás de su elegante coche deportivo y la había traído hasta casa.
—No estoy segura, pero creo que debía de haber sido un Ferrari, uno de esos fabulosos coches rojos.
Sus padres lo ignoraron.
—¿Quién es?
Pero ella no lo sabía. Sólo sabía que su nombre era Raffaele, y que siempre recordaría su cara y el calor y la resplandeciente luz junto al mar.
Raffaele, Raffaele, el arcángel.


Opinión de la “menda-lerenda”:
Todas sabemos cómo empiezan y terminan los cuentos de hadas y quiénes son sus protagonistas: “Érase una vez…”, “una chica humilde, un príncipe”, “fueron felices y comieron felices”. Pero, ¿realmente sabemos si años más tarde esa chica y ese príncipe siguen juntos? O por contra, ¿el príncipe ha intercambiado a la chica humilde por una princesa forrada hasta las calzas? ¿Quizás la chica humilde se ha fugado con el fornido jardinero que le da más marcha?

Bien, tengo buenas noticias, dejad de maltratar a vuestras neuronas intentando resolver dicho acertijo.

¡Este libro es la respuesta a esas preguntas!

Ella, Sophie Winter, (la chica humilde), una inglesa de familia media. Él, Raffaele de Nardis, (el príncipe), hijo menor de condes italianos. También un pianista reconocido mundialmente. Gabriella de Nardis, la condesa, la madre Raffaele (bruja nº1). Ann, hermana mayor de Sophie (bruja nº2). ¡Sí, este cuento tiene dos brujas malvadas! Y Zoë, hermana pequeña de Sophie (una traviesa hada).

Definidos los papeles ¡comienza la trama de esta novela!

En este cuento la chica humilde y el príncipe se conocieron, se enamoraron y se casaron. Sin embargo, cinco años más tarde, el divorcio les ha encauzado por distintos caminos… hasta que la traviesa hada con sus tejemanejes benévolos los reúne de nuevo.

No obstante, ¿qué ha ocurrido con el final feliz e imaginario con el que terminan nuestros cuentos de infancia? ¿Dónde se ha escondido el “amor” y el “felices para siempre”?

Queridas mías, la realidad es un hecho y la fantasía no consolida el amor. Distintos estatus sociales, demasiadas diferencias y errores irreparables.

Sin desvíos, esta historia da lugar cuando, cinco años más tarde, Zöe, la hermana pequeña de Sophie, se casa y su expreso deseo es hacerlo en la Toscana. Un lugar al que Sophie jamás volvió después de divorciarse de Raffaele. Es en la misma boda, en que tanto ella como él, vuelven a reencontrarse y todo sería perfecto, si él no hubiese aparecido acompañado de una exuberante cantante de ópera…

¡Decepcionante!

Pero bueno, a partir de ese instante, tanto la Toscana como el príncipe vuelven a la vida de nuestra “chica humilde” lo quiera o no. (Chica humilde, por decir algo, ya que ella trabaja en Edimburgo para un político y en un bonito piso…) Y pasado y presente se entremezclan para contar una bonita y triste historia de amor que ha marchitado el corazón de Sophie quien no ha podido rehacer su vida sentimental después de la ruptura de su matrimonio. Su príncipe y su amor la han marcado tanto que ni siquiera cinco años más tarde ha podido curar sus heridas y él continua atormentándola.

Al leer este libro, sincera e irremediablemente, se me activó la vena vengativa en defensa de Sophie. Él es atractivo, un caballero con clase y sex appeal, músico… ¡y hasta cocina! (al menos helados de melocotón y cafés, si entra en esta categoría…). Pero, entre nos, yo le habría hecho sufrir un poquito más. Por muy maravilloso que sea.

Veamos, el inicio de su romance es perfecto y él te hace suspirar y reír nerviosamente infinidad de veces como una colegiala. ¡Pero es muy obtuso en lo que respecta a su madre! (Algo malo tendría que caracterizarlo ¿no?) Bien, pues es lo peor. Porque precisamente es el principal causante del deterioro de su matrimonio.

Por una parte está la condesa, representado el típico perfil de suegra indeseable. A la que querrías que atropellase un tanque. Y la que no ve con buenos ojos a su nuera por no ser lo suficiente buena para su ojito derecho, su hijo menor. Lo dicho, bruja nº 1.

En cuanto a la bruja nº 2, Ann, no sé porqué Sophie no la mandó al Polo Norte hace mucho tiempo por muy hermana suya que sea. En serio, ¡esta mujer se gana el odio de esta lectora (y de cualquier otra) a base de bien!

El divorcio lo desencadena mucha mierda y, principalmente, dos personas. Llegan a un punto, arrastrando viejas circunstancias y cargando con nuevas, en que no hay nada que lo sostenga y se quiebra. Todo se va al garete y ella acaba muy malherida y sola. Se crea en ti una fuerte lealtad para con ella porque se esfuerza tanto y los únicos frutos de su trabajo y esfuerzo son amargas retribuciones que condicionan su felicidad.

Demasiados jóvenes también para darse cuenta de muchas cosas, sobretodo, por parte de él…

Además, volviendo al tiempo presente, no puede esperar que después de lo que le ha hecho pasar a ella, años más tarde, vuelva a querer conquistarla como si nada. Que él también lo ha pasado mal, lo comprendo. Pero es su principal culpa. Aunque sigue avanzando la narración y lo justifico. “Todos cometemos errores”.

En serio, este tipo es de los peligrosos. ¡Hay que estar alerta! Es tan fácil perdonarle por ser cómo es… Aish… es tan de ensueño…

Si conocéis a alguien como él, sabed no que son sus ex novias/amantes vuestro dolor de muelas sino ¡la madre! Ni se os ocurra quitarle el ojo de encima, es vuestro enemigo más letal!!!

En resumen, es la perfecta continuación para un cuento de hadas adaptado a la vida real. Que sabiendas de saber que todo irá mal, elegirías ese mismo camino porque, al fin y al cabo, los finales felices existen y las trabas superadas los refuerzan.

Haceos con este libro y permitíos soñar con príncipes de carne y hueso. Con sus defectos y virtudes. Porque cualquiera de nosotras quisiera ser la “chica humilde”, si ello condiciona la aparición de un “príncipe”.

Puntuación:
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6 voces:

Mientras Lees dijo...

Pero menuda reseña que te has marcado!! Y ese fragmento?? Tremendo.

se nota que este libro te ha hecho sentir :D
Guapa, ya te tenemos afiliada y te seguimos!! Es que con las vacaciones, el trabajo acumulado, se nos fue un poco la pelota xDD Perdona la tardanza.

Este nuevo blog es precioso, espero que crezca mucho mucho!!!

Un beso enorme!

Mientras Lees dijo...

Por cierto, el anterior comentario era mío (Da)

Un beso ;)

- Bella - dijo...

Uuuuh, la pinta que se gasta el libro es tremenda :D creo que me lo apunto. ¡Muy buena la reseña!

Alma~ dijo...

Holaaa, muy buen blog! TE sigo y afilio, haces igual? www.strangeplaceofbooks.blogspot.com

Lissy dijo...

wao...que buena reseña..jajaja...¨¿el príncipe ha intercambiado a la chica humilde por una princesa forrada hasta las calzas? ¿Quizás la chica humilde se ha fugado con el fornido jardinero que le da más marcha?¨muy buena..
por cierto..me encanta el diseño del blog..te sigo y te afilio..espero verte por mi blog alguan vez...
besos..!!!1

alma mena dijo...

yo ya lo lei como 5 veces y vuelvo a llorar la berdad es q la historia te atrapa en un mundo luego crees tuyo y te sientes q eres la protagonista cuando esta feliz ries y cuando esta triste lloras todas quisieramos ese cuento de adas aun q con obstaculos pero bale la pena para un final feliz

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